Jordania Viaje mochilero a Jordania. Petra
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Escapada a Petra: Jordania

 

Saliamos de Israel. El desierto nos esperaba. Los paisajes cambiaron radicalmente de Andalucía al Sahara. El viaje en minibús hasta Eilat y luego Aqaba nos trajo a la memoria ensueños de nuestra aventura por el valle de la muerte.

Como ni tenía, ni aún tengo, el carnet de buceo Open Water, me quedé con las ganas de bucear en el mar Rojo. Cruzamos la frontera jordana y tras unas arduas negociaciones compartimos un taxi con otro par de viajeros que, por lo que se ve, no me marcaron demasiado, pues apenas les recuerdo. Entre todos juntamos la plata necesaria para pagar al timador del taxista que aprovechaba la ventajosa coyuntura para hacer su particular agosto y llevarnos a la turística Petra.

Reconozco que los sitios a priori tan turísticos de entrada me echan un poco para atrás. Los sesenta euros de entrada para los extranjeros eran un auténtico abuso. Sin embargo, los acabé pagando gustosamente.

Acertamos de pleno haciendo primero la visita nocturna que nos introdujo por arte de magia en un mundo místico y ancestral. La llegada al conocido templo de Indiana Jones y el mágico espectáculo que allí preparaban anticipaba lo que al día siguiente nos esperaba al realizar la visita completa. La fecha en que fuimos fuera de la llegada masiva de turistas también ayudó.

Siempre tuve la sensación de estar solo caminando por las ruinas de Petra. Era inevitable transportarte siglos atrás e imaginar las caravanas que recorrían este punto sin igual de la Ruta de la Seda. Los turistas se concentraban en sitios muy concretos y desaparecían en cuanto andabas unos pocos metros para abandonarte en la más absoluta soledad.

Dedicar la jornada siguiente a visitar Petra nos pareció lo justo. No exagero si digo que Petra me ha impresionado bastante más que Machu Picchu, Lalibela o Persépolis.

Intuyendo Wadi Rum  a lo lejos, ya de vuelta a Israel, la sensación de haber visto algo único, que se asentaría sin duda con los años, lo impregnaba todo. Para perder la cabeza definitivamente nos faltaba sumergirnos en Jerusalén.

 

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