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Jaisalmer

JAISALMER

Me despierto con la llegada del tren a Jaisalmer. La marabunta nos ofrece todos los hoteles del mundo. El Fort view nos garantiza unas vistas imponentes de la fortaleza.

Nos separamos de los catalanes. A las diez de la mañana tomamos un desayuno mirando el fuerte de Jaisalmer. Caminamos por la ciudad amarilla. Estamos de resaca tras la noche de tren. Toca fumada. Aunque me afano para que Blanco pille un ciego de cojones, tras gastar casi la mitad de nuestro chocolate, sigue en pie. Yo acabo muy colocado, como casi cada día aquí. Los porros no son su droga.

Planificamos una escapada a las islas Andaman aunque el tema de vuelos se plantea complicado, al menos para nuestro presupuesto. Las conexiones a internet aún siguen siendo prehistóricas. Las agencias, de chiste.

Conocemos al capitán del equipo de Cricket de Jaisalmer. El cricket es el deporte nacional. El chaval es, como la mayoría aquí, Brahmi. Parece que el chaval, para variar, verdaderamente no busca nada de los turistas. Rodeamos el templo Jainita de Jaisalmer. Todo se ha calmado tras el caos propio de las horas de apertura del templo.

Se nos acerca una pareja de recién casados. Él parece de clase alta. Ella saluda pero no habla. Resulta que están en su viaje de novios.

A pesar de las prohibiciones que se ven por todos lados, los monjes jainitas nos hacen la cohorte una y otra vez para que les demos una ayuda mientras intentan explicarte en su limitado inglés pequeños detalles del templo. Contrasta la diferencia entre el estilo hindú propiamente dicho y el Jainita con su predominio del mármol.

Seguimos todos juntos haciendo una pequeña ruta por los bellos havelis del casco histórico. Nos perdemos por el casco histórico hasta que nos paramos a hablar con un jubilado exmilitar del ejército que nos habla sobre la guerra de la India con China y las dos con Pakistán. Con China perdieron. Las dos de Pakistán las ganaron. El abuelo nos da buenos consejos sobre qué ver en Jaisalmer y como enfocar el safari. Hablamos con toda su familia. Blanco pasa la lección a uno de los niños. La lección no puede resultar más oportuna. ¿Qué sabes sobre Gandhi?

Tras un restaurante bastante modesto de higiene discutible, visitamos uno de los grandes havelis en el cual uno de los guías nos contesta bruscamente. Luego nos cuenta que es el propietario del haveli y que acaba de discutir con una pareja de españoles que ni siquiera se han dignado a darle las gracias tras mostrarles el espacio. Nosotros le decimos que él también tiene que comprender al turista que muchas veces acaba por sentirse un billete andante y que puede tender a caer en una paranoia en la que todo el mundo parece querer engañarte y en la que no puedes fiarte de nadie. Por las referencias que nos da parece que el problema lo ha tenido con la pareja catalana.

Dos horas para conseguir mandar un puto email.

Nos acercamos al lago de Jaisalmer que sorprende por su ubicación en medio del desierto. Cuenta con algunas construcciones sumergibles bastante interesantes. Entramos en alguna de ellas. Muchos gansos. Se hace de noche. Montamos en un hidropedal con forma de pato. Un murcielago colgado en nuna especie de cuerda.

Es el cumpleaños de Silvia, una madrileña que lleva cinco años viviendo en Jaisalmer y que está casada con un indio. Sus comentarios dan luz a nuestras vivencias. Una tía muy natural y castiza de esas que lo tienen todo demasiado claro. Y eso que en la India nada está claro. Obviamente, Silvia, sabe mucho no sólo de lugares sino de la mentalidad del sitio, su cultura y sus tradiciones. Nos recomienda ir a las playas de Diu.

Silvia celebra su cumpleaños por partida doble. Primero hace una comida con los hombre. Luego será el turno de quedar con las mujeres. Al principio de la fiesta están todos muy callados. La gente del desierto parece siempre tener una doble cara. Un lado tierno en guerra con su armadura interior. Mayoría de gente adinerada y un par de musulmanes de casta inferior.

Uno de ellos e Raúl, el chico de los recados del hotel. El chaval está de lo más explotado. No pasan más de dos minutos sin que alguien grite su nombre. Durante la cena se confiesa. Nos cuenta sin rencor que la mayoría de la gente que está cenando es gente rica. Si se los cruzara al día siguiente no le saludarían. Su amigo Dino es otro musulmán de pueblo que busca su oportunidad en Jaisalmer.

Blanco pierde los papeles durante la cena. Se emborracha y pierde cualquier conciencia del límite. Acaba destrozando la tarta y manchando a varios comensales. Blanco borracho es como el colega mafioso de De Niro en Casino. Si le das una palmadita te dará un puñetazo. Si le das un puñetazo te sacará una navaja, si le sacas una navaja te pegará un tiro y si intentas pegarle un tiro ya se las ingeniará para que al final, sea como sea, te lleves tú la peor parte.

Supongo que es una forma como otra cualquiera de canalizar sus frustraciones internas. Sin duda, un tío tan reservado como Blanco, con un mundo interior tan rico y complejo, tiene muchas mierdas dentro que exorcizar.

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